Compartimos fotos, ubicaciones, datos personales, contraseñas… muchas veces sin pensar qué puede ocurrir después.
La AEPD advierte de diferentes riesgos y conductas delictivas relacionadas con el uso de nuestros datos personales en Internet:
Sexting: una imagen íntima enviada voluntariamente puede terminar difundiéndose sin consentimiento.
Grooming: un adulto puede utilizar Internet para ganarse la confianza de un menor y obtener información, imágenes o vídeos con fines sexuales.
Ciberacoso: amenazas, humillaciones, hostigamiento o control también pueden producirse a través de Internet.
Phishing: correos, SMS, mensajes o llamadas que suplantan a entidades de confianza para conseguir contraseñas o datos bancarios.
Carding: utilización fraudulenta de los datos de una tarjeta bancaria.
Trashing: recuperar información personal de documentos o archivos que creíamos eliminados.
Oversharing: publicar demasiada información sobre nuestra vida puede facilitar el robo o la suplantación de identidad.
Geolocalización: compartir dónde estamos —o incluso mostrar que no estamos en casa— también puede generar riesgos.
¿La mejor prevención?
Pensar antes de publicar, limitar la información que compartimos, revisar la privacidad de nuestras redes, utilizar contraseñas robustas y desconfiar de mensajes o enlaces que soliciten información personal o bancaria.